El gesto más famoso de la historia del arte tiene una versión oficial y una versión real. No son la misma
Vincent van Gogh se cortó la oreja. Eso lo sabe prácticamente todo el mundo, aunque nunca hayan pisado un museo. Es una de esas imágenes que han trascendido el arte para convertirse en símbolo cultural: el pintor atormentado, la navaja, la oreja envuelta en papel, entregada a una mujer llamada Rachel en un burdel de Arlés.
Pero hay un problema. La historia que se cuenta no es exactamente lo que ocurrió. Y el matiz importa, porque cambia radicalmente tanto la escena como lo que sabemos sobre el estado mental de Van Gogh aquella noche del 23 de diciembre de 1888.
Lo que la leyenda dice
La versión popular es dramática y cinematográfica: Van Gogh, en plena crisis nerviosa tras una discusión violenta con Paul Gauguin, toma una navaja de afeitar, se cercena la oreja completa, la envuelve en un trozo de periódico y se la lleva a una prostituta del burdel local. Después vuelve a casa, se venda la cabeza y se acuesta. La patrona lo encuentra al día siguiente bañado en sangre.
Esta versión tiene todos los ingredientes del mito romántico: la genialidad como locura, el dolor como combustible del arte, el gesto excesivo como declaración de existencia. Es una historia perfecta. Tan perfecta que nadie se molestó demasiado en verificarla durante un siglo.
Lo que la historia dice
En 2009, los historiadores Hans Kaufmann y Rita Wildegans publicaron una investigación que proponía una versión radicalmente diferente: no fue Van Gogh quien se cortó la oreja, sino Gauguin, en una pelea con espadines. Van Gogh habría protegido a su amigo del escándalo asumiendo la culpa. Esta hipótesis generó un gran debate, pero no logró consenso entre los especialistas.
Lo que sí logró consenso fue la investigación del historiador de arte Martin Bailey, publicada en 2016 tras años de análisis de documentos médicos de la época. Las conclusiones fueron claras: Van Gogh se cortó únicamente el lóbulo inferior de la oreja, no el pabellón auricular completo.
La confusión tiene su origen en parte en los propios autorretrados del pintor. En el célebre Autorretrato con la oreja vendada (1889), la venda cubre toda la cabeza. Eso llevó a asumir que había perdido la oreja entera, cuando la venda era simplemente una precaución médica estándar de la época.
¿A quién se la entregó realmente?
Durante décadas se dijo que la destinataria fue una prostituta llamada Rachel. Pero otra investigación, publicada en 2016 por el biógrafo Martin Bailey en su libro Studio of the South, rastreó los registros del burdel de Arlés y llegó a una conclusión diferente: la mujer que recibió el lóbulo se llamaba Gabrielle y era limpiadora en el establecimiento, no prostituta.
El gesto tampoco era tan romántico como se ha pintado. Van Gogh llevó el trozo de oreja envuelto y dijo simplemente: «Guarda este objeto con cuidado.» No hubo declaraciones de amor ni grandes gestos teatrales. Fue un acto confuso de alguien en una crisis psiquiátrica grave.
¿Qué le pasaba realmente a Van Gogh?
Este es el aspecto más relevante del mito, porque la romantización de la locura de Van Gogh ha distorsionado durante generaciones la comprensión real de su enfermedad.
Los diagnósticos retrospectivos propuestos por médicos e historiadores incluyen epilepsia del lóbulo temporal, trastorno bipolar, intoxicación por plomo (usaba pigmentos con alto contenido en plomo que se llevaba a la boca mientras pintaba) o envenenamiento crónico por absenta. Ninguno ha sido confirmado definitivamente.
Lo que sí está documentado es que Van Gogh ingresó voluntariamente en el hospital psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole en Saint-Rémy de Provence en 1889, donde pintó algunas de sus obras más reconocidas, incluyendo La noche estrellada. Lejos de alimentar su arte, las crisis lo interrumpían: cuando sufría episodios agudos, era incapaz de pintar.
¿Por qué el mito se perpetuó durante tanto tiempo?
El mito de la oreja completa se instaló en parte porque nadie tuvo acceso a los registros médicos originales hasta décadas después del suceso. Los testimonios de la época eran contradictorios —el propio Van Gogh no recordaba bien lo ocurrido— y la prensa local de Arlés publicó versiones imprecisas que luego circularon libremente.
A esto se suma el poder del cine y la ficción. La película Lust for Life (1956), protagonizada por Kirk Douglas, consolidó la imagen del artista absolutamente enloquecido cortándose la oreja entera. Hollywood necesitaba el gesto máximo, y así quedó grabado en la memoria colectiva.
Conclusión
Van Gogh sí se hizo daño aquella noche en Arlés. Eso es innegable. Pero la imagen del pintor cercenándose la oreja entera con una navaja es una amplificación del mito que dice más sobre nuestra necesidad de narrativas extremas que sobre lo que realmente ocurrió.
La verdad es más contenida, más triste y más humana: un hombre en crisis psiquiátrica severa se cortó el lóbulo de la oreja y se lo entregó a una desconocida. No hay romanticismo en eso. Solo dolor real, mal gestionado, en una época en que la psiquiatría apenas sabía qué hacer con él.